• En el Evangelio según San Mateo 28:18-20, se describe a Jesús dando esta última instrucción a sus discípulos antes de despedirse de ellos: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».
Los primeros cristianos siguieron fielmente estas palabras, buscando transmitir el Evangelio de la salvación por medio de Cristo al mundo entero, incluso a riesgo de sus vidas. Gran parte de la iglesia cristiana, hasta el día de hoy, se toma muy en serio estas palabras como definición de su misión.
La norma en los círculos espirituales es no predicar a los demás, sino respetar las creencias de cada individuo. ¿Era la tarea de la iglesia primitiva diferente a la nuestra hoy?
En esta enseñanza de la Guía de Pathwork, el significado de "difundir la palabra" se replantea a la luz de la evolución de la conciencia humana.
Si bien los primeros cristianos necesitaban predicar activamente nuevas verdades espirituales, hoy el crecimiento depende menos de la persuasión externa y más de la transformación interior. La verdadera influencia ahora proviene de vivir estas enseñanzas con autenticidad, permitiendo que moldeen las acciones, las relaciones y la presencia en el mundo.
A medida que las personas se desarrollan espiritualmente, contribuyen de forma natural a una nueva forma de ser colectiva. En lugar de convencer a los demás con palabras, la expresión más poderosa de la verdad es la vivencia, donde el cambio interior se convierte en una fuerza silenciosa pero profunda de transformación.

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