Recorrer este camino espiritual requiere el coraje de mirarnos a nosotros mismos sin reservas, discerniendo cuidadosamente la verdad de la distorsión. Más que nada, este camino es humilde. No se trata solo de que debamos mirar partes de nosotros mismos que preferiríamos ocultar.

También debemos plasmar nuestras ideas sobre las cosas. Como la fe. Y Cristo.

Estamos tan apegados a nuestras ideas que dejarlas de lado se siente como flotar a la deriva en el espacio. A nuestro ego no le gusta esto. No, señor, para nada. Ya no hay nada a lo que aferrarse.

Pero cuando la fe deja de ser algo de lo que nos convencemos a nosotros mismos —cuando abrimos espacio para algo que aún no podemos concebir— lo que emerge es algo completamente diferente. Es algo nuevo y vivo en nuestra experiencia interior.

La verdadera fe no nos pide que evitemos las dificultades y contradicciones de la vida. Nos pide que nos encontremos con nosotros mismos mientras las atravesamos. La fe, la entrega y la confianza no son formas de debilidad ni de ingenuidad. Requieren que nos mantengamos firmes en nosotros mismos, sin dejar de estar abiertos a una realidad más profunda.

Lo mismo ocurre con Cristo.

Se refería precisamente a este proceso interno.

Las enseñanzas y el simbolismo de Cristo nos muestran cómo encontrar nuestro camino a través de las dolorosas divisiones de la dualidad. De esto contra aquello. De la vida contra la muerte. Incluso la mansedumbre, tan a menudo confundida con la debilidad, adquiere un significado muy diferente cuando se comprende desde esta perspectiva más profunda.

El trabajo espiritual no consiste en convertirnos en algo que no somos, sino en descubrir lo que ya reside en nuestro interior. La luz que llevamos dentro —segura y protegida en nuestro Ser Superior— nunca ha estado ausente.

Solo ha sido ocultado.

La fe también. A medida que las barreras de la distorsión comienzan a disolverse, descubrimos que la verdadera fe no es una barandilla a la que agarrarnos cuando llega la tormenta. Es el terreno firme sobre el que caminamos en cualquier circunstancia.

Siguiente capítulo

Volver al índice de Living Light