El proceso de abrirnos a nuestra esencia divina es muy gradual… Cuando llegamos a cierto punto en nuestro trabajo de purificación, un día encontramos una nueva voz que nos habla en nuestro interior…
Esta voz posee una sabiduría, una presencia y una solidez que trascienden nuestro ego cotidiano. Se percibe tan distinta a nuestra percepción habitual del yo que puede sentirse como si un ser aparte viviera en nuestro interior…
La práctica de establecer un equilibrio entre el control interno y externo abre la puerta a la conciencia de nuestra esencia divina interior. Para comprender cómo, primero desvelemos esta ilusión de separación.
A lo largo de la historia, en cada rincón del mundo, las culturas han hablado de “La caída de los ángeles“… Lo que quiere decir la historia es que se produjo un cambio en el estado mental o de conciencia de un ser. Estábamos en un estado de conciencia cuando estábamos en unión con Dios. Y luego estábamos en un estado de conciencia diferente, uno que no estaba en unión con Dios.”
Cuando ocurrió la Caída, se describe como un estado de fractura inicial, dividida en dos: parte masculina, parte femenina. A partir de ahí, la fractura continuó, fragmentándose en partes cada vez más pequeñas.
La paradoja reside en que, por un lado, es cierto que estamos separados o divididos. Por otro lado, no es cierto: todo es una sola conciencia, un todo… La experiencia de dos seres en nuestro interior es el punto de partida para resolver la paradoja.
Estamos separados de nuestra esencia divina por un muro interior… Cuanto menos conscientes seamos de nuestra esencia divina interior, más experimentaremos la autoalienación.
Esta “nueva” voz de nuestro núcleo divino es la conciencia divina… El estado de dicha que surge de esta integración con el ser divino es el objetivo de este camino… Poseer —y ser— este poder está más allá de nuestra capacidad de comprensión… Simplemente no somos conscientes de ello y no lo creemos.
Existe una relación directa entre la falta de conciencia de nuestra esencia divina y la falta de conciencia de la negatividad y la destructividad que generamos en nuestras vidas. Esto incluye nuestras creencias erróneas inconscientes, emociones destructivas y comportamientos inmaduros.
Es como una ecuación matemática: la conciencia que tenemos de un lado es igual a la conciencia que tenemos del otro. El Camino se centra en traer a la conciencia toda nuestra negatividad inconsciente…
Si continuamos con este trabajo, la barrera que nos separa de nuestra negatividad se disuelve gradualmente. Poco a poco reconocemos a este «otro ser» como parte de nosotros y asumimos la responsabilidad que conlleva… Pero aquí reside la clave: la lucha interna cesa cuando el ego reconoce que este ser negativo forma parte de sí mismo. La ilusión de separación se desvanece y la transformación puede comenzar.
El muro es una ilusión. Es la inconsciencia. Pero la ignorancia de la ilusión aún tiene sus efectos… Nuestro objetivo es tomar conciencia de ambas fuerzas en nosotros. La única manera de construir esta conciencia es eligiendo rastrear los hilos de causa y efecto en nuestras vidas…
El ego puede comenzar a conectar con el ser interior, con su poder, belleza e infinitas posibilidades. De hecho, el ego, en última instancia, tiene un único propósito: contactar con la esencia divina. Gradualmente, el ego se fusionará con el ser interior… La solución reside en un uso constante, firme y constructivo de nuestra voluntad para encontrar nuestra propia negatividad… Debemos recordarnos continuamente este enfoque esencial de la vida.
Dado que la psique tiene tantas facetas, debemos estar atentos a las múltiples formas en que nuestra vida puede verse bloqueada desde dentro… Con un trabajo constante, comenzamos a experimentar este inmenso poder que se activa como parte de nosotros. Es nuestro poder.
La personalidad externa, con su pensamiento y voluntad únicamente, no puede escapar de este círculo vicioso. El falso control que cree que la mantendrá a salvo solo endurece el muro ilusorio de separación… Simplemente necesitamos dar el paso mucho más sencillo de recurrir a esa parte de nosotros mismos que ya sabe cómo desenvolverse en la vida…
La clave está en empezar por resolver nuestros propios problemas internos. Antes de poder utilizar este poder en nuestra vida exterior, primero debemos dominar nuestra vida interior, incluyendo toda nuestra negatividad y destructividad… El mayor obstáculo es nuestra ignorancia, miedo y duda de nuestra esencia divina.
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