Cuanto más fuertes y profundas sean nuestras convicciones, más sustanciales serán las formas que existen en nuestra alma… Hay una forma de alma que merece ser mencionada específicamente, porque existe en cada uno de nosotros en mayor o menor medida. Esta forma tiene la forma de un abismo y está hecha completamente de ilusión…

El tamaño de este abismo varía para cada persona. Pero ya sea un cráter o una depresión, debemos mirar esta amenaza directamente a los ojos y no pestañear, o jamás alcanzaremos la libertad…

Sentimos que nuestra vida está en peligro si este no es un mundo perfecto. Este es el miedo fantasma en el que debemos sumergirnos. Porque este es el abismo.

Podríamos sentir que hemos caído en este abismo cuando no podemos aceptar que este es un mundo imperfecto. O cuando no podemos soltar nuestra obstinación egocéntrica... Cuando estamos atrapados en este abismo, realmente tememos no salirnos con la nuestra...

Digamos que no le gustamos a alguien. O que no se comporta como queremos. Esto, en sí mismo, no es una amenaza… Una vez que aceptamos que somos, de alguna manera, inadecuados, o que el otro lo es, podremos renunciar a nuestra obstinación que exige perfección. Pero antes de eso, sentiremos que estamos en grave peligro si cedemos, si nos dejamos llevar, si nos rendimos a este aparente abismo…

Se siente como si estuviéramos atrapados en este abismo. Y, sin embargo, la única salida es soltarnos y caer completamente en él... Cuando lo hagamos, descubriremos que algo asombroso sucede. No nos estrellamos. No perecemos. Flotamos...

Es una ilusión pensar que este abismo desaparecerá por sí solo. La única manera de que se desvanezca es arriesgándonos, poco a poco y una y otra vez, a sumergirnos en él. La buena noticia es que cada vez que lo hacemos, resulta más fácil…

Cada vez que alguien hace algo con lo que no estamos de acuerdo, o cuando alguien muestra algún defecto, o tal vez sentimos miedo ante una frustración que no podemos racionalizar, todo esto amenaza nuestro mundo utópico. Sentimos que nuestra vida está en peligro si este no es un mundo perfecto…

Entonces, si la utopía fuera real, ¿cómo sería?... Utopía significa que obtenemos todo lo que queremos, como lo queremos y cuando lo queremos. También queremos tener total libertad, sin ninguna responsabilidad...

Pero, lamentablemente, es imposible. No podemos ser libres y estar exentos de responsabilidades a la vez. En la medida en que eludimos nuestra responsabilidad y la atribuimos a otra persona o cosa, limitamos nuestra propia libertad. Nos esclavizamos. Así de simple…

Sin embargo, nos hemos vuelto tan temerosos de asumir la responsabilidad propia, que este miedo se ha convertido en gran parte de nuestro abismo. Tememos que, si asumimos la responsabilidad propia, caeremos en ella y seremos absorbidos por completo... Parece un gran peligro renunciar a nuestra exigencia de siempre hacer las cosas a nuestra manera... Literalmente tememos ser miserables si tenemos que renunciar a nuestra exigencia de utopía...

Nunca podremos ser felices porque, enterrado en nuestro inconsciente, se encuentra el concepto erróneo de que la felicidad requiere una perfección absoluta en todos los sentidos. Sin embargo, nada de esto es cierto. Todo forma parte de una gran ilusión… Creemos que el daño puede sobrevenirnos debido a la arbitrariedad de la vida…

No somos víctimas. No necesitamos luchar para ser perfectos. Pero sí necesitamos luchar para ser personas más íntegras.

Este miedo es una ilusión, un abismo. Y su única razón de ser es nuestra evasión de la responsabilidad personal. Porque si no queremos ser responsables de nuestra vida, alguien más debe serlo…

Solo nos sentimos impotentes porque nosotros mismos lo hacemos al eludir nuestra responsabilidad. Cuando vemos las cosas desde esta perspectiva, empezamos a comprender el alto precio que pagamos por insistir en la utopía. Pagamos cada día con nuestro miedo…

Al realizar este trabajo de autodescubrimiento, buscamos encontrar en nuestro interior la nota correspondiente que vibra a raíz de la provocación de otro. Entonces dejaremos de sentirnos víctimas…

Parte de ser adulto y tomar decisiones independientes implica que inevitablemente cometeremos errores. Sin embargo, el niño que llevamos dentro, que aún se aferra a la utopía, cree que siempre debemos ser perfectos. Cometer un error es caer al abismo…

La vida en el planeta Tierra no es una utopía, y no somos perfectos. Esto no es una tragedia.

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