Una diferencia importante entre nuestro intelecto superficial y nuestro Ser Real es que podemos dirigir, manipular y gobernar el intelecto mediante nuestra voluntad. Con el Ser Real no podemos hacer esto. De los dos, el Ser Real es el más inteligente… Estamos tan condicionados a centrarnos en el uso de nuestra capacidad de pensamiento y fuerza de voluntad que creemos que podemos convertirnos en nosotros mismos mediante un simple acto de voluntad. Creemos que podemos usar nuestra mente para desarrollarnos espiritualmente… Es nuestro Ser Real el que conecta con el espíritu vivo de una palabra, mientras que la repetición insensible proviene de nuestro intelecto…

En resumen, lo que obstruye al Ser Real son nuestras capas de confusión y error. Además, se encuentra nuestra falta de conciencia de nuestra confusión y errores… El intelecto y la voluntad pueden utilizarse para limpiar los errores y la confusión que ellos mismos han creado… Cuando sabemos que estamos confundidos, estamos más cerca de nuestro Ser Real que cuando somos ciegos a nuestra confusión interior. Esto es cierto incluso si no tenemos solución a nuestros problemas…
¿Entonces deberíamos desconectar el cerebro? Para nada. Para realizar la ardua labor de seguir un camino espiritual, debemos usar nuestro intelecto para comprender nuestros errores y confusiones. Y queremos ver cómo hemos desviado nuestra voluntad. Hacer esto, indirectamente, hará nacer nuestro Ser Real, con toda su espontaneidad y creatividad, en nuestra realidad… Tenemos que comprender nuestra situación actual si queremos superarla. No podemos forzar la salida encubriendo lo que no queremos ver…
Intentar alcanzar un estado superior del ser mediante el intelecto y la fuerza de voluntad nos lleva a construir imágenes. Estas son, en esencia, conclusiones erróneas sobre la vida. Se basan en cómo creemos que deberíamos ser y cómo debería ser la vida, según nuestras limitadas experiencias pasadas… No podemos obligarnos a amar. Quizás creamos que podemos, pero en realidad no podemos. Lo cual no significa que no amemos…
Así que no podemos simplemente decidir que seremos buenas personas, amorosas, compasivas y humildes. Sin embargo, sí podemos decidirnos a descubrir qué nos impide ser así... Lo que no nos damos cuenta es que si nos viéramos como realmente somos, veríamos que no hay nada que temer. Necesitamos comprender que aferrarnos a la vida no nos llevará a la puerta del Ser Real. Simplemente no podemos encontrarnos así...
La miseria, al final, siempre es autoproducida. No importa lo que pensemos o cuánto deseemos que sea diferente, somos los culpables de nuestros problemas. Así que ahí es donde debemos centrar nuestra atención para encontrar soluciones... El problema no es moral.

Siguiente capítulo de Cáscaras de nuez
Regrese al Cáscaras de nuez Contenido
Regrese al Huesos Contenido


