La principal razón por la que alguien emprende este camino de sanación es su anhelo de conocer su Ser Real, de conectar con su divinidad interior. Para crear esta conexión interna, deberán transitar las dos etapas de este camino espiritual, que se superponen.

En la primera etapa, trabajamos para eliminar los obstáculos internos de nuestro inconsciente. Estos son la fuente de nuestros conflictos vitales. Hasta que no hayamos avanzado en esta parte de nuestro trabajo, no podremos acceder a nuestra esencia divina, a nuestra luz interior. Porque aún hay demasiada oscuridad.

La segunda etapa del trabajo consiste en desprendernos del ego y aprender a vivir desde nuestro centro divino. Al hacerlo, pasamos gradualmente de vivir en el nivel limitado de la dualidad —dominio del ego— al nivel más profundo y unificador de la verdadera realidad.

Así es como creamos la paz.

Debemos descubrir y sanar lo que lo destruye, que está dentro de nosotros.

Si, por otro lado, el ego se rinde demasiado pronto, antes de que se haya logrado algún progreso en la primera etapa, terminamos con adicciones. Nos enredamos aún más en la oscuridad.

Si bien ambas etapas son necesarias, solo accedemos a la fase más importante —la segunda etapa— después de haber avanzado en la primera. Pero no completamos toda la primera etapa para luego comenzar la segunda.

No podemos. Porque el trabajo de sanar al Ser Inferior, que es lo que bloquea nuestra luz, es siempre un acto del Ser Superior.

El ego tiene la capacidad de propiciar la sanación. Sin embargo, lo que sí puede —y debe— hacer es fortalecerse y recuperar la salud necesaria para facilitar este proceso.

Existe una fórmula sencilla para este proceso. Nuestra misión es encontrar el punto de bloqueo y luego orar.

Muchos métodos, una fórmula

El proceso de sanación es como adentrarse en aguas desconocidas. Queremos ir despacio y tantear el camino. Generalmente, el proceso comienza con una historia sobre una desarmonía en la vida. Así es como el conflicto interno del terapeuta se manifiesta en su mundo.

Esto es lo que el Trabajador ha estado evitando, y hacia donde debemos dirigir nuestra atención ahora. En nuestras sesiones, guiaremos al Trabajador para que descubra el nudo congelado de sentimientos y creencias erróneas que se esconden bajo su historia.

No existe un único método para realizar esta labor de ayuda. Hay muchas maneras creativas de guiar al trabajador. Muchas las aprendemos mediante la formación, y otras surgen de nuestra propia creatividad.

Dicho esto, existe una fórmula sencilla para el proceso.

Nuestra misión es encontrar el punto de estancamiento y luego orar.

Cuando el Trabajador conecta con su resistencia interior, ya sea en silencio o en voz alta, necesita pedir ayuda a su Ser Superior. Debe pedir el valor para explorar su oscuridad interior y la fuerza para sentir lo que encuentre.

La oración abre al Trabajador a recursos mayores que los que posee el ego. También comienza a construir un puente hacia el Ser Real.

Sin ese puente, no podemos volver a casa con Dios.

Sigue el trabajo

La postura del Ayudante consiste en mantener una presencia sanadora para que los fragmentos heridos del Trabajador puedan manifestarse y sanar. En el proceso, el Trabajador puede necesitar apoyarse en la fortaleza del Ayudante. Por ejemplo, aprender a confiar en nuestro Ayudante es un paso que nos ayuda a aprender a confiar en nosotros mismos.

Pero le hacemos un flaco favor al trabajador si no le ayudamos a encontrar su propia luz interior.

Durante toda la sesión, quien nos ayuda debe mantenernos abiertos para recibir guía y la presencia de Dios. Esto lo hacemos orando en silencio durante toda la sesión, pidiendo ser guiados y recibir orientación.

Por supuesto, los Ayudantes somos humanos. Así que a veces no interpretamos bien las señales. El Trabajador también se resiste, así que a veces necesitamos cambiar de estrategia.

Orar y seguir la guía divina puede sentirse como dejarse llevar por el viento. Esto requiere cierta delicadeza.

Lo más importante es que sigamos tanto como guiemos. Quizás conozcamos bien el mapa, basándonos en los caminos que ya hemos recorrido. Pero en cada momento, vamos adonde nos lleve la Obra.

Sanando el dolor: cómo ayudar con la guía espiritual

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